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MANTENIMIENTO DE LA MOVILIDAD COMO PARTE DE UN ENVEJECIMIENTO SALUDABLE

Envejecimiento e impacto sobre la movilidad

La movilidad es la capacidad que tienen las personas de moverse de forma autónoma. Los músculos, los huesos y las articulaciones saludables nos permiten realizar todo tipo de movimientos, ya sea para nuestros quehaceres diarios o nuestras aficiones favoritas.

Algunos de los primeros signos visibles del envejecimiento pueden ser cambios en la postura y la marcha, así como fatiga y debilidad general en la realización de las tareas cotidianas. Puede notarse un impacto sobre la movilidad cuando se practican actividades como caminar. El envejecimiento afecta a la masa y a la fuerza muscular y a la densidad ósea, y puede hacer que las articulaciones estén más rígidas y menos flexibles debido a una reducción del espesor del cartílago.

A medida que envejecemos, los músculos, los huesos y las articulaciones experimentan cambios fisiológicos que afectan a la movilidad y que, a largo plazo, pueden repercutir en nuestra independencia. La actividad física diaria, combinada con un control del peso y una alimentación saludable y equilibrada que incluya un consumo adecuado de proteínas, vitamina D y C y calcio pueden contribuir a la salud de los músculos, los huesos y las articulaciones y permitirle seguir moviéndose.

Ponga en práctica los aliados del envejecimiento positivo.

Importancia de la salud muscular: La pérdida de músculo relacionada con la edad puede reducir la movilidad. La pérdida de masa muscular puede comenzar ya desde los 30 años y puede ser más prominente a partir de los 50. La tasa de pérdida muscular se ve influenciada por la cantidad de actividad física habitual que se practica a lo largo de la vida. Las lesiones o enfermedades transitorias también pueden afectar a la cantidad de masa musculoesquelética. El consumo diario de proteínas contribuye a la salud de la masa muscular.

Importancia de la salud ósea: La salud ósea es importante a cualquier edad. La reducción en la densidad ósea que es frecuente a edades avanzadas debilita los huesos, lo que a su vez puede aumentar el riesgo de fracturas. Una buena alimentación, incluidas las cantidades necesarias de vitaminas y minerales como el calcio y la vitamina D, combinada con ejercicio, puede contribuir a mantener un buen estado de salud durante los últimos años de la vida.

Importancia de la salud de las articulaciones: Las articulaciones se hacen más vulnerables a las lesiones ya que el cartílago que las recubre vuelve más fino y el líquido lubricante (sinovial) se reduce con la edad. Esto se traduce en que las superficies articulares no pueden deslizarse con suavidad una sobre la otra, lo que provoca molestias. Así, aumenta la rigidez de las articulaciones y los tendones y se reducen el tono muscular y la fuerza ósea. Estos cambios dificultan cada vez más las tareas físicas.


Consejos clave para mantener la movilidad

Una reducción en la movilidad puede afectar de manera significativa al bienestar de las personas, en especial cuando interfiere en su capacidad para disfrutar de sus aficiones favoritas, actividades de ocio y para mantener la independencia. Formas clave para afrontar el problema:

  • Buena alimentación: consuma la cantidad diaria recomendada de proteínas, lo que es esencial para el mantenimiento de la masa y la fuerza musculares. Los estudios2 demuestran que casi la mitad de los adultos de edad avanzada no consumen una cantidad suficiente de proteínas. Garantice una ingesta adecuada de micronutrientes, como vitaminas (p. ej., C y D) y minerales (p. ej., calcio, magnesio, potasio, zinc).
  • Actividad física habitual: que incluya ejercicios de pesas/resistencia para contribuir a mantener la masa muscular.
  • Control del peso: mantenga el peso óptimo para su estatura y edad.

Para obtener más información, lea «La importancia de las proteínas» y «Los aliados para un envejecimiento saludable»

1. English Kl_ Paddon-Jones D. Protecting muscle mass and function in older adults during bed rest Current Opinion in Clinical Nutrition and Metabolic Care. 2010;13(l):34-39. (Referencia sobre la pérdida muscular)

2. Hartz, S.C. (1992) The WSS study population. In: Nutrition in the Elderly: The Boston Nutritional Status Survey (Hartz, S.C., Russell, R.M. & Rosenberg, J.H., eds.), London, Smith-Gordon, pp. 17-25.